- Los que escriben un diario, es porque se sienten solos.
+ No es verdad. Es porque tienen algo que contar, porque su vida es diferente. Y, aunque nunca lo confiesen, siempre esperan que alguien lo descubra, lo lea a escondidas para así poder conocer la verdadera personalidad del autor.

viernes, 23 de marzo de 2012

Será quererse sin treguas.

Y sus labios se rozaron, y el tiempo se paró.

Y en aquel beso se prometieron quererse para siempre, sin treguas, sin limites, sin barreras. 
Cerraron sus ojos, y sintieron cerca su aliento, aseguraron que ese no seria el último, sino el primero de muchos más.

"Despacio. Contrólate, querida. Haz las cosas bien. Las cosas rápidas no van a ningún lado. Mejor lento, sin prisa, pero si pausa."
Se repetía una y otra vez. Ella, que siempre fue rápida en todo, en tener una relación, en sentir el amor, en perder la virginidad, en sentir el fracaso en su propia piel, en decir "te quiero" sin sentirlos. Ella que dejo de creer en el amor, se topo con algo nuevo, diferente. De repente él, tan perfecto e imperfecto a la vez, tan iguales pero tan distintos.
Hablaron y hablaron durante toda una noche, se miraban y se comían con la mirada. Él le había dicho de ir despacio, todo era distinto, pero le miraba y pensaba:
"¿Cómo es posible ir despacio con alguien como él? ¿Cómo me puede pedir algo así? No, no puedo ponerme delante de él y contenerme las ganas que tengo de besarle. 
Soy impaciente, agobiante, estresante y un verdadero coñazo. No puedes pedirme ir lento, contigo no puedo aguantarme las ganas, por más que lo intento."
- No te puedo prometer en cuento, no soy perfecta, ni princesa de ningún reino lejano. Soy una chica de 17 años, cabezota, egoísta (a veces), llorica, tonta y de vez en cuando algo estúpida. Suelo comerme la cabeza por todo y mis enfados duraran como máximo cinco minutos, en ellos diré cosas que me arrepentiré a los dos siguientes. No me lo tengas en cuenta, por favor.
Puedo confesarte que ahora mismo no podría vivir sin tu besos. Y puede que sea una odiosa, y que a veces te haga dudar de lo nuestro, porque sé que soy muy difícil y complicada de entender. Solo te pido cariño que tengas paciencia conmigo, sabré recompensarte. Porque pienso quererte los 365 días que tiene un año y si es bisiesto, súmale uno más. Pienso comerte a besos todas las tardes y mañanas que me sean posibles, y alguna que otra noche. Y pienso llevarte el desayuno a la cama, siempre que pueda. Pienso hablarte con la mirada, sentir como se me va el alma en cada besos y no querer nunca salir de tu cama. Pienso desayunarte, comerte, merendarte y cenarte. Y pienso convertirme en tu princesa sin castillo, si te hace falta. Solo te pido que me sepas querer y que nunca dejes de hacerlo. Espero que mi amor compense al tuyo. Y si no fuese así, espero que me sepas perdonar. Pero por favor, no me dejes nunca.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Vicios, excesos, sexo y él.

Me gustaría escribir algo bonito, pero no puedo.
¿Qué por qué?
Por la sencilla razón de que no tengo una historia bonita que contar de esas sin final. ¡No! la nuestra no es de esas historias, nuestra historia si tiene final y no es precisamente bonito, aunque a veces la felicidad no es necesariamente bonita, ni dulce, ni romántica. En ocasiones la felicidad puede ser violenta, porno, erótica, sensual, divertida, una sucesión de orgasmos indefinidos, un éxtasis de palabras prohibidas, malsonantes. Un juego de miradas de odio, de deseo, de pensamientos indecentes.
Él la miró y allí en aquella cama, donde momentos antes habían compartido más que palabras, estaba ella apoyada en el cabecero.
Sonreía, con maldad en los ojos.
Él le respondió a su sonrisa con otra. Esa sonrisa de pillo que tanto le ponía a ella. Vio la figura de ella, aquella maldad disfrazada de dulzura, aquella frialdad con la que ambos se utilizaban en medio de tantas calenturas. Suspiró.
Pensó que ella era la combinación perfecta de todo lo malo y bueno junto. Quizás fue culpa de aquella luz que traspasaba las cortinas de su habitación y dejaba al descubierto todo sus encantos, o quizás fue todas aquellas cosas que ella le hizo momentos antes. Quizás era aquella mezcla entre inocencia y lujuria, o quizás fuera que por fin conseguía lo que tanto le había suplicado. Fuera lo que fuese, había conseguido volverlo loco y arrastrar a ella también, a aquella locura.
Encendió un cigarro.
Ella le besó.
Él soltó el humo.
La miró, era imposible quitar la vista de aquel cuerpo que le perdía en un sin fin de fantasías eróticas, que a veces no lo dejaba pensar con claridad.
Se mordió el labio.
Ella se puso encima de él, sin pensarlo. Le beso y comenzó a dibujar con su mano el camino que luego siguió su lengua. Sintió el tacto de su pelo enredado entre sus bajos. Y él le devolvió la jugada rozando las zonas prohibidas de ella.
Se estremeció toda. Él también lo hizo al verla.
Ella le rodeó con sus piernas, él se amarró a sus caderas.
Ella subía y bajaba mientras la respiración entre cortada de él se le clavaba en su nuca. El sudor se escurría por ambos cuerpos. Hicieron un viaje sin transporte a un lugar desconocido, donde nadie podía parar aquello. De repente bajaron a la tierra pero seguían teniendo aquella sensación de satisfacción en el cuerpo.
Ella se apoyo en su pecho, escuchaba como el latido de su corazón aún seguía acelerado.
Le miró, él ya llevaba un rato haciéndolo.
- Me gustas mucho más así.
- ¿Así cómo?
- Pues así, despeinado, con las gafas y sin ropa-
- A mi también me gustas mucho más sin ropa y tu cara es más bonita cuando terminamos de hacer el amor.
- No te equivoques, el amor ya se inventó antes que nosotros, no podemos hacerlo. Lo nuestro es diferente.
- Intentaba no ser un bruto, pero... estás más bonita después de echar un polvo conmigo.
- Siempre fuiste un guarro. Hagamos lo otra vez, por favor.
- Siempre te supliqué por tener algo contigo, ahora la que suplicas eres tú.
- Siempre me puso que me suplicaras.
- Entonces, te suplico que no pares nunca.- Le susurro a su oído.
Esto no va a salir bien, pero tengo que reconocer que mi vicio preferido es tu cuerpo.

domingo, 19 de febrero de 2012

Un cuerpo muy pequeño para tener tantos problemas dentros.

"Demasidas prisas, demasiado estrés, demasiados pensamientos, demasiadas dudas, demasidos caminos elegir y ninguno lleva a nada bueno, demasiados tíos, demasiadas borracheras, demasiada maldad en mi corazón, demasiada dulzura en mi mirada. Demasiados engaños, demasiado desengaños. Demasidas cosas no pensadas ni con el corazón, ni con la cabeza. Demasiada frialdad dentro de tantas calenturas. Demasiadas palabras dichas antes de tiempo, palabras que dicen lo contrario a lo que pienso. Demasiada falsedad. Demasiadas mentiras dentro de una misma verdad. Demasiados "demasiados" hay dentro de mi. 
Y mientras los "demasiados" inundan cada espacio de mi cuerpo. Yo me entretengo con los cuerpos de otros."
Es día se nos hizo tarde para los dos, y aquella tarde disfrazamos nuestros pensamientos con palabras y miradas. Unas cuantas risas nerviosas y un solo movimiento de dedos fue lo que nos llevo a aquella locura, a acabar los dos desnudos en mi cama. No estábamos seguro de que aquel sofá aguantará nuestro ritmo, incluso dudé si yo podría seguir al tuyo. Te volviste un loco y me arrastraste a tu locura, pequeño.
No dudaste cinco segundo cuando a gritos pediste conocer mi habitación, bajo aquella triste luz que entraba por mi ventana, siendo testigo las paredes de aquel descontrol, me tumbaste de un empujón, me miraste con rabia y te mordiste el labio. Tus manos marcaron el camino que luego siguió tu lengua, pasaste por cada parte de mi cuerpo, y lo hiciste más de una vez. Te amarraste fuerte a mis caderas, parecía que nunca te soltarías de allí. 
Tu mano subía, mientras tu lengua baja. Aquella tarde el sol se escondía cuando tus manos sacaban a la luz todos mis defectos y virtudes, me desnudaste entera, en cuerpo y alma y no me dio tiempo a pensar, ni si quiera a arrepentirme. La luz rojiza del sol que traspasaba las cortinas de mi habitación dejo ver la figura de tu cuerpo junto al mio, tu mano en mi cintura. Mientras tanto, las mías arañaban tu espalda. Cambio violento, mi pelo estorba. Subíamos y bajábamos al compás del tiempo, al ritmo que marcaba las agujas del reloj, la cama sonaba, pensé que no aguantaría mucho tiempo, pero no nos importo, no nos importaba nada, solo el llegar al cielo juntos. Tus dedos caminaban por mi espalda desnuda, mis pies rodeaban tu cintura. Me devolvió la jugada bajado su mano más allá de las caderas, mis gemidos sonaban más allá de las cuatro paredes de la habitación. Tu respiración entre cortada se me clavaba en mi nuca, ambos bailábamos al mismo son. Todo estaba envuelto por aquella magia, que acabó cuando tu saliste por la puerta. Aquella magia dejo un espacio a la felicidad, a la satisfacción de hacer las cosas de bien. De hacerlo sin sentimientos, sin preocupaciones. Así tanto que no me sentía así de bien... "Que alegría, que buen día... Que bueno fue tener... Que bien estoy quién me lo diría..."
Querida vida: dame una tregua para poner orden en mi cabeza, y quizás de paso también este jodido corazón, que ni si quiera sé porque sigue latiendo.